En su conjunto, el homicidio está reconocido
socialmente como una de las acciones humanas más reprochables y aborrecibles en
todo tiempo. Ha sido castigado por los códigos penales occidentales y por
supuesto, actualmente se encuentra tipificado en el vigente código penal
español. Cuando el delito de homicidio es de pareja sigue siendo igual de grave
y puede incluir circunstancias modificativas de la responsabilidad agravantes
de asesinato. Según Company y Soria (2015) surge cuando la pareja ha construido
previamente una relación de carácter afectivo. El homicidio de pareja no solo
termina con el mayor valor humano (la vida de la otra persona) también genera
otros tantos problemas, tal y como señala Corradi y Stöckl (2016), afecta a
gran escala a la seguridad de la ciudadanía y a la seguridad de la sociedad por
el coste de los servicios de justicia criminal y por el mayor uso de la
asistencia sanitaria. Estadísticamente deja cifras internacionales muy
alarmantes, tal y como señala Stöckl y cols., (2016) uno de cada siete
homicidios es cometido por la pareja. De este porcentaje, la proporción de
hombres homicidas de pareja es seis veces mayor que la proporción de mujeres homicidas
(Stöckl y cols., 2016). En este sentido, el Instituto Nacional de Estadística
(2016) expone periódicamente el elevado número de mujeres muertas por la
violencia que ejerce el hombre en la relación de pareja. No obstante, la aportación
de informes estadísticos es susceptible de presentar problemas de
interpretación, pues depende de la propia muestra estadística y de precisar los
elementos que incluye la violencia contra la pareja; por ello no es extraño
observar la disparidad de datos en función de quien presenta la información. En
cualquier caso, el homicidio de pareja es un delito que deja cifras mortales
muy elevadas, y en la gran mayoría de los casos la mujer es la víctima más
perjudicada.
En el lado opuesto, se posiciona la figura masculina
de un hombre que cumple con el rol de victimario, agresor y perpetrador del
delito. En este caso, el hombre que ejerce violencia contra la mujer en la
relación de pareja es importante para explicar el perfil criminal del homicida
de pareja. En el trabajo se recopilan los múltiples factores que pueden afectar
al victimario cuando actúa con violencia hasta el punto de convertirle en
homicida. Por ejemplo el
empleo de los distintos tipos de violencia pero sobre todo el empleo de la
violencia física puede generar el homicidio de pareja. En la macroencuesta de
violencia contra la mujer MSSSI (2015)
se indica la prevalencia según el tipo de violencia empleada, aunque algunos de
sus efectos mortales se demuestran en el blog personal del País Vasco (2016). Por
otro lado, Echeburúa y Amor (2010) plantean dos tipos de comportamiento
violento: instrumental/expresivo caracterizado por conductas planificadas o por
el contrario agresivas motivadas por sentimientos de ira. En este sentido,
Cuenca y Graña (2016) han comprobado la influencia de síntomas psicopatológicos
de ira/hostilidad y otros rasgos de personalidad junto con el consumo de
alcohol como factores de riesgo para perpetrar violencia física. También son
importantes los factores socio-ambientales, la teoría de Bandura (1973) basada
en el aprendizaje social puede explicar las conductas violentas. A modo de
síntesis, se ha establecido una clasificación de perfiles violentos contra la
pareja a la mano de algunos autores como Johnson y Ferraro (2000).
En último lugar, es
importante señalar y no olvidar que: existe una minoría de mujeres homicidas de
pareja por la violencia y malos tratos habituales que han ido soportando por
parte de su pareja masculina (Herrero,
2013). Y otra minoría de
hombres homicidas de pareja del mismo sexo que han matado por motivos de celos,
tareas domésticas, discusiones… (Gannoni y Cussen, 2013).

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