Cuando el bebe mama recibe el alimento, placer y cariño colmando la sensación de protección seguridad y cariño. Pero si se viven conflictos emocionales, estos pueden ser trasladados peligrosamente a la comida. Una carencia afectiva puede componerse con un consumo excesivo de comida o puede estar en el origen de un rechazo patológico a ciertos alimentos.
Por lo tanto es difícil separar la alimentación del placer y los sentimientos. Si las relaciones con la comida son positivas, es más fácil alimentarse de manera saludable.
Sin embargo, si son conflictivas pueden empujar la dieta hacia un desequilibrio mas o menos grave.
ALEGRÍA. El sabor amargo la potencia y beneficia al corazón.
TRISTEZA. La tristeza se puede combatir con un poco de sabor picante, a demás de nutrir al pulmón.
MIEDO. El salado atenúa el miedo, cuya sede corporal es el riñón.
PREOCUPACIÓN. Las frutas y hortalizas dulces moderan esta emoción.
CÓLERA. El sabor ácido como el del limón, tonifica al hígado, que sufre con la ira.

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