Las estadísticas
oficiales sobre homicidio de pareja son importantes para detectar y recoger
información más precisa de la complejidad que conllevan los homicidios de
pareja. Según Medina (2002: 86): Las “estadísticas oficiales” comprenden el
conjunto de estadísticas recopiladas y mantenidas por diversas instituciones
oficiales que de una manera u otra tienen jurisdicción sobre el problema de la
violencia doméstica. Incluyen las estadísticas policiales, judiciales,
penitenciarias, agencias sociales y sistema de salud pública. Se trata de
estadísticas que solo reflejan los incidentes de violencia doméstica revelados
por las propias víctimas, por terceros implicados o porque son descubiertos por
iniciativa de las agencias que las recopilan, es una pequeña fracción que no
recoge el volumen de la violencia no reflejada, llamada “la cifra oscura”. Sin
embargo no siempre especifican la relación entre víctima y agresor, imponiendo
así su uso para el estudio de la violencia doméstica, pues su elaboración no es
perfecta, está afectada por numerosos factores (Hagan, 1993, citado en Medina
2002: 87). Por este motivo, se va a presentar un resumen de datos estadísticos
oficiales sobre homicidios de pareja recogidos por varios
estudios publicados y por organismos internacionales y nacionales.
Cifras oficiales de homicidios de pareja del
hombre hacia la mujer.
De acuerdo con Boltaños (2011: 27), las
estadísticas muestran que los hombres son los principales perpetradores de la
violencia contra otros hombres y que debido a su alta prevalencia la violencia
familiar es un grave problema social y de la salud pública.
En esta misma línea Dutton
(citado en Barría, Muñoz y Blagadi, 2013: 16) corrobora que “los hombres son
una pieza clave para tener una mejor comprensión del fenómeno de la violencia
doméstica, porque es la parte que perpetra el 85% de esta independientemente de
la forma de unión de la pareja”.
Tal y como se refleja en los datos recogidos
por la Organización Panamericana de la Salud, en 1990 hallaron 23 muertes por
cada cada 100 mil habitantes en América Latina, de estas 9 de cada 10 muertes
por homicidio ocurren en hombres jóvenes de edad reproductiva (Boltaños, 2011:
29).
Desde esta perspectiva, Verkko (citado en Corradi, y Stöckl, 2014:
602) aporta datos similares e indica que las tasas de homicidios son impulsados
principalmente por varones y hombres jóvenes.
Asimismo, la Dirección General de reclusorios
del Distrito Federal (México) detalla que del 66,4% de los internos varones de
entre 18 y 30 años, el 88% presentan rasgos de desintegración familiar y el 68%
fueron receptores de violencia en la familia ejercida por figuras masculinas
(CDHDF, 2004). En esta misma línea el Banco Mundial ha demostrado que los
hombres tienen un 50% más de probabilidades que las mujeres de ser víctimas de
un delito violento cometido por otro hombre (Boltaños, 2011).
Si se compara con España, se puede reafirmar
que el número de hombres homicidas es más alto que el de mujeres homicidas. En
el INE (Instituto Nacional de Estadística) del 2014 se recogieron un total de
492 homicidios, de los cuales 473 fueron ocasionados por hombres y tan solo 19
por mujeres, estas diferencias también se mantienen cuando se trata de delitos
contra las relaciones familiares, en el 2014 hubo un total de 6946 de delitos
contra las relaciones familiares, de este total, 6417 fueron cometidos por
hombres y 529 por mujeres. Sin embargo esas cifras cambian cuando se mide la
variable “otros delitos contra las relaciones familiares”, de un total de 20, 8
fueron cometidos por hombres y 12 fueron cometidos por mujeres, salvo este caso
excepcional en el que, es superior el número de mujeres que cometieron “otros
delitos contra las relaciones familiares”, el resto de delitos cometidos por el
hombre prevalecen significativamente de los cometidos por la mujer.
En
este sentido Baca, Echeburúa, y Tamarit (2006: 167) demuestran estadísticamente
que la mujer es la víctima más común de la violencia doméstica (76%), si se
reduce al entorno de la pareja es el 85% y en casos de violencia contra
ascendientes o descendientes en términos de violencia de género se aproxima al
60%. Asimismo Calvo (citado en Baca, Echeburúa y Tamarit, 2006: 168) refleja
que la violencia en la pareja es la forma más común de violencia intrafamiliar
(77%), la violencia contra menores es del 8% y contra ancianos u otros familiares
convivientes es del 15%.
Tal
y como señala Company
y Soria, (2015: 2) y en coherencia con los resultados hallados por Calvo
(citado en Baca, Echeburúa y Tamarit, 2006: 168), los datos
estadísticos sobre homicidios de pareja demuestran que la cercanía emocional
entre los miembros de una pareja conlleva un riesgo de violencia superior si se
compara con otro tipo de relación familiar (por ejemplo padre e hijo).
No obstante Medina (2002: 101) plantea que “los
problemas para medir la delincuencia no surgen en los casos de homicidio”, por
ejemplo en los Estados Unidos aproximadamente el 50% de los casos de homicidios
se desconoce la relación entre agresor y víctima, este hecho hace que sea
difícil producir estimaciones ajustadas de la cifra de violencia letal en el
ámbito doméstico. Según Medina (2002: 102) “la mayoría de los criminólogos
consideran que los casos de homicidio en los que se desconoce la relación entre
víctima y agresor son probablemente situaciones que no pueden considerarse como
domésticas”. Por lo general, “el marido o la pareja suele ser el primer
sospechoso en casos de homicidios de mujeres”.
Un estudio más reciente demuestra que la
evidencia de homicidios de pareja es escasa por la falta de información sobre
la relación víctima y agresor (Stöckl et al., 2013). En consecuencia de la
escasez de información sobre la
relación víctima y agresor Stöckl et al., (2013) investigaron en 66 países
para estimar la prevalencia global y regional de homicidios de pareja. Tras
analizar los resultados del estudio demostraron que; del total de homicidios,
el 13,50% fueron cometidos por un miembro de la pareja. Que los homicidios
femeninos tuvieron un porcentaje más alto (38,60%) en comparación con el
porcentaje (6,30%) de los homicidios masculinos. Y que la media más elevada de
los porcentajes de todos los homicidios femeninos fue superior en los países
con ingresos más altos (41,2%). Una pequeña síntesis de los resultados hallados
por Stöckl et al., señalan que: 1 de cada 7 homicidios son de pareja y de esa
proporción más de la tercera parte son homicidios de mujeres perpetrados por el
hombre.
Tales resultados
reflejan el problema social, personal y político que supone a gran escala el
homicidio de pareja. En este sentido Corradi y Stöckl, (2014: 601) han
investigado sobre homicidios de pareja en 10 países europeos (Alemania,
Eslovenia, España, Finlandia, Francia, Italia, Países Bajos Portugal, Reino Unido
y Suecia) y han encontrado que existe una alta prevalencia de homicidio de
pareja en todos países mencionados y en especial para las mujeres, a pesar de
los fuertes avances en el desarrollo de políticas durante las dos últimas
décadas.
Otra cuestión
importante es que los resultados de este último estudio indican que no hay una
relación directa entre los avances del desarrollo de políticas y la reducción
del número de homicidios de pareja.
Cifras oficiales en violencia de género.
En este sentido, la
gran mayoría de los estudios citados coinciden estadísticamente en cifras más altas
de hombres homicidas de pareja que de mujeres homicidas de pareja, de estas
cifras se extiende el homicidio del hombre hacia la mujer y su relación con el
número de muertes anuales a causa de la violencia contra la mujer.
En la actualidad,
se trata de un problema grave por el continuo número de víctimas mortales, tal
y como se refleja en la ficha resumen del Ministerio Español de
Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad de datos del 2015 se han presentado 59 casos
de víctimas mortales por violencia de género.
El centro de prensa de la OMS en el Informe
mundial de la violencia y la salud, señala que; casi la mitad de las mujeres
que mueren por homicidio son asesinadas por sus maridos, parejas del momento o
anteriores. La violencia contra las mujeres ocasiona afecciones inmediatas y a
largo plazo, lesiones físicas, síndromes de dolor crónico, depresión y
comportamientos suicidas, también puede afectar a los ingresos, al trabajo y a
la capacidad de que la mujer conserve este mismo trabajo. Manifiesta que,
en algunos países, el porcentaje de mujeres que declaran haber sido víctimas de
agresiones físicas se eleva al 69%, y hasta un 47% de las mujeres señalan haber
sufrido una iniciación sexual forzada, mientras que
las tasas de homicidio femenino en varios países de desarrollo y
con economías en transición superan el 6 por 100 000 habitantes, se trata de
una cifra de 10 a 15 veces más alta que la de los países con las tasas de
homicidio femenino más bajas (Japón, Reino Unido, España, Francia, Italia,
Grecia), que son del 0,4 al 0,5 por 100 000 habitantes.

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