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Desde este blog se apoya a todas las mujer víctimas de Violencia de Genero a su lucha y a que permanezcan fuertes, que todos los hombres y mujeres seamos cada vez mas conscientes y responsables de lo que supone este problema para la víctima y para la sociedad en general.



En su conjunto, el homicidio está reconocido socialmente como una de las acciones humanas más reprochables y aborrecibles en todo tiempo. Ha sido castigado por los códigos penales occidentales y por supuesto, actualmente se encuentra tipificado en el vigente código penal español. Cuando el delito de homicidio es de pareja sigue siendo igual de grave y puede incluir circunstancias modificativas de la responsabilidad agravantes de asesinato. Según Company y Soria (2015) surge cuando la pareja ha construido previamente una relación de carácter afectivo. El homicidio de pareja no solo termina con el mayor valor humano (la vida de la otra persona) también genera otros tantos problemas, tal y como señala Corradi y Stöckl (2016), afecta a gran escala a la seguridad de la ciudadanía y a la seguridad de la sociedad por el coste de los servicios de justicia criminal y por el mayor uso de la asistencia sanitaria. Estadísticamente deja cifras internacionales muy alarmantes, tal y como señala Stöckl y cols., (2016) uno de cada siete homicidios es cometido por la pareja. De este porcentaje, la proporción de hombres homicidas de pareja es seis veces mayor que la proporción de mujeres homicidas (Stöckl y cols., 2016). En este sentido, el Instituto Nacional de Estadística (2016) expone periódicamente el elevado número de mujeres muertas por la violencia que ejerce el hombre en la relación de pareja. No obstante, la aportación de informes estadísticos es susceptible de presentar problemas de interpretación, pues depende de la propia muestra estadística y de precisar los elementos que incluye la violencia contra la pareja; por ello no es extraño observar la disparidad de datos en función de quien presenta la información. En cualquier caso, el homicidio de pareja es un delito que deja cifras mortales muy elevadas, y en la gran mayoría de los casos la mujer es la víctima más perjudicada.
En el lado opuesto, se posiciona la figura masculina de un hombre que cumple con el rol de victimario, agresor y perpetrador del delito. En este caso, el hombre que ejerce violencia contra la mujer en la relación de pareja es importante para explicar el perfil criminal del homicida de pareja. Existen múltiples factores que pueden afectar al victimario cuando actúa con violencia hasta el punto de convertirle en homicida. Por ejemplo el empleo de los distintos tipos de violencia pero sobre todo el empleo de la violencia física puede generar el homicidio de pareja. En la macroencuesta de violencia contra la mujer MSSSI (2015) se indica la prevalencia según el tipo de violencia empleada, aunque algunos de sus efectos mortales se demuestran en el blog personal del País Vasco (2016). Por otro lado, Echeburúa y Amor (2010) plantean dos tipos de comportamiento violento: instrumental/expresivo caracterizado por conductas planificadas o por el contrario agresivas motivadas por sentimientos de ira. En este sentido, Cuenca y Graña (2016) han comprobado la influencia de síntomas psicopatológicos de ira/hostilidad y otros rasgos de personalidad junto con el consumo de alcohol como factores de riesgo para perpetrar violencia física. También son importantes los factores socio-ambientales, la teoría de Bandura (1973) basada en el aprendizaje social puede explicar las conductas violentas. A modo de síntesis, se conocen varias clasificaciónes de perfiles violentos contra la pareja a la mano de algunos autores como Johnson y Ferraro (2000).
En último lugar, es importante señalar y no olvidar que: existe una minoría de mujeres homicidas de pareja por la violencia y malos tratos habituales que han ido soportando por parte de su pareja masculina (Herrero, 2013). Y otra minoría de hombres homicidas de pareja del mismo sexo que han matado por motivos de celos, tareas domésticas, discusiones… (Gannoni y Cussen, 2013).



Además del peligro que conlleva el comportamiento violento en las relaciones de pareja, también se ha comprobado que los homicidas de pareja contra la mujer poseen algunas características de personalidad y trastornos mentales que les conduce a comportarse de manera violenta. Por ejemplo, la presencia de ciertos trastornos de personalidad, la ira, o la impulsividad pueden ser características de personalidad que predicen el comportamiento homicida de pareja por la violencia ejercida contra la mujer. Cuenca y Graña (2016) han comprobado que los síntomas psicopatológicos de ira/hostilidad, rasgos de personalidad (impulsividad, histriónica, límite y antisocial) y el consumo de alcohol pueden ser factores de riesgo para perpetrar violencia física. En concreto, Caman, Howner, Kristiansson y Sturup (2016) han demostrado que el carácter impulsivo y reactivo es una de las características de personalidad más significativas en los homicidas de pareja de la población sueca a diferencia de otro tipo de homicidas. En este sentido, Kristie A. Thomas, Melissa E. Dichter y Jason Matejkowski (2011), enfatizan el papel de la ira, los comportamientos antisociales y los problemas de salud mental como protagonistas de la gran mayoría de los homicidios de pareja. También, Montalvo y Echeburúa (2008) han obtenido datos significativos en hombres condenados por violencia grave contra la pareja que padecen problemas de salud mental. De una muestra de 76 hombres condenados por violencia contra la mujer, el 86,8% presentaba al menos un trastorno de personalidad, en concreto, el 57,8% padecía un trastorno obsesivo-compulsivo, el 34,2% un trastorno dependiente, el 25% un trastorno paranoide, y el 14,4% tendencias psicopáticas claras (Montalvo y Echeburúa, 2008). Según Medina (2002) el empleo de autoinformes que miden el grado de psicopatología en hombres violentos contra la pareja proporciona niveles altos en depresión, problemas de autoestima, problemas con el alcohol y la presencia de trastornos de personalidad antisocial o límite.
Desde una perspectiva evolucionista, se ha estudiado la estabilidad del comportamiento antisocial y agresivo contra la pareja. Cuando los individuos que comienzan a comportarse de manera antisocial en edad temprana son más proclives a seguir haciéndolo más tarde durante toda su vida (Medina, 2002). Olweus (1979); Medina (2002), demuestran en la revisión de Olweus, la alta correlación de 0,63 en estabilidad de la agresión en edades tempranas y en el desarrollo evolutivo. El autor sostiene que la mayoría de individuos que se comportan de manera agresiva durante su infancia, también lo harán en etapas sucesivas de su vida. Por lo tanto, la estabilidad temporal del comportamiento violento que comienza en edad temprana y continúa en edad adulta puede ser una característica personal del individuo.
No obstante, el comportamiento violento en edad temprana y su evolución en edad adulta también se puede explicar desde una teoría basada en el aprendizaje social de Bandura (1973), el individuo aprende a comportarse de forma violenta por la exposición y observación de un entorno familiar violento, los maltratadores que han sido objeto de abuso durante su infancia o que han vivido en el hogar en el que su padre maltrataba a su madre han aprendido este tipo de conducta (Medina, 2002). Kristie A. Thomas, Melissa E. Dichter y Jason Matejkowski (2011), señalan la estrecha relación entre el uso de la violencia en la familia y en etapas posteriores de la edad temprana. Los hombres que utilizan la violencia contra la pareja son más propensos a haber tenido historias de vida con amigos y familiares que figuraban comportamientos antisociales y consumían alcohol y drogas (Kristie A. Thomas, Melissa E. Dichter y Jason Matejkowski, 2011). También el estudio de Caman, Howner, Kristiansson y Sturup (2016) aporta datos de homicidas de pareja alcohólicos que han sufrido historias familiares de violencia y han sido víctimas de abuso sexual.
En cuanto a la teoría del apego de Bowlby (1969); Dutton (1995); Medina (2002) explican la relación del vínculo emocional con el maltrato durante la infancia y la violencia en la pareja. Los individuos tienen la necesidad innata de mantener relaciones afectivas y de intimidad para sobrevivir, pero si el individuo no puede establecer vínculos de manera satisfactoria durante su infancia desarrollan carencia afectiva y la agresión es una respuesta a la falta de satisfacción de dichas necesidades, cuando el niño no ve cubiertas sus necesidades puede expresarlo a través del enfado. Aparte del vínculo emocional que establecen los padres con el niño para cubrirle sus necesidades afectivas, también es importante conocer el papel que juegan los iguales en el desarrollo del niño, según Medina (2002) la evidencia empírica destaca que los grupos de amigos son relevantes para comprender la conducta violenta contra la pareja porque en el grupo de amigos se puede aprender a imitar y observar comportamientos violentos.
En su conjunto, Sanmartín, Iborra, García y Martínez (2010), destacan cinco factores individuales del agresor que ejerce violencia contra la mujer: 1º factor, interiorización de un modelo de masculinidad rígido y estereotipado. 2º factor, socialización autoritaria en el valor de la disciplina y del control, o socialización hiperprotectora. 3º factor, comportamientos y pensamientos irracionales: misoginia, inseguridad y baja autoestima, impulsividad o falta de autocontrol, posesividad e hipercontrol. 4º factor, efecto real de la visión de la violencia en las pantallas. 5º factor, abuso de sustancias tóxicas.

De acuerdo con los autores citados, es importante considerar las características más relevantes del agresor, como por ejemplo la ira, la impulsividad, la baja autoestima, la psicopatología, la depresión y el alcoholismo… en suma con las condiciones socio-ambientales procedentes de un entorno social hostil en el que, el agresor ha ido aprendiendo, adquiriendo y trasmitiendo los comportamientos violentos en la relación de pareja. Se trata de un conjunto de causas multifactoriales potenciales para que se produzca el homicidio y a la vez son causas predictoras del perfil homicida de pareja contra la mujer. 



En los casos de homicidio de pareja contra la mujer se ha comprobado que los comportamientos violentos del victimario pueden causar una muerte  premeditada en la víctima o por el contrario causar una muerte de carácter expresivo comprendida por sentimientos de ira, dificultad en el control de impulsos y expresión de afecto, tal y como señalan Company y Soria (2015), existen dos tipos de comportamientos violentos en el homicidio de pareja:
Violencia expresiva: Compuesta por la esfera emocional, ira inducida por amenazas, discusiones, insultos, agresiones físicas o fracasos personales. En este tipo de violencia, se adopta un ataque físico extremo contra la víctima con el fin de hacerla sufrir. La conducta llevada a cabo en la escena del crimen es sin premeditación debido a la carencia de control de impulsos, caracterizándose por la impulsividad, ausencia de control, fuerte excitación emocional y una relación de familiaridad o cercanía emocional con la víctima.
Violencia instrumental: Se caracteriza por ser fría emocionalmente, más planificada y calculada, surge del deseo de poseer el estatus o propiedades de la víctima. En este caso la víctima es un medio para obtener un objetivo y beneficio personal.
Para distinguir ambos tipos de violencia Company y Soria (2015) seleccionaron una muestra de 322 casos de homicidio y asesinato consumado o en grado de tentativa cometidos entre miembros de una pareja, procedentes de sentencias firmes dictadas por la Audiencias Provinciales de las Comunidades Autónomas españolas y/o el Tribunal Supremo entre los años 2000-2010. En el resultado de la muestra analizada se verificó que el 55% de casos presentaron una violencia valorada como expresiva. El 27% de casos presentaron una violencia valorada como instrumental y en el 18% de los casos presentaron una violencia indeterminada. Según Company y Soria, (2015): los resultados hallados son similares a los estudios desarrollados en distintos países, pues se muestra el predominio de comportamientos expresivos en homicidios entre los miembros de la pareja sin existir diferencias significativas en función del sexo de los agresores. Los autores han comprobado que los homicidios de pareja se caracterizan mayoritariamente por tener una sola víctima, ser impulsivos y situacionales, cometerse por parte de personas que reaccionan agresivamente a determinados estímulos, por no haber planificación y formar parte de reacciones emocionales ante situaciones adversas o conflictos derivados de la interacción interpersonal con la víctima.
Echeburúa y Amor (2010), también han estudiado las diferencias entre comportamientos expresivos e instrumentales e indican que ambos tipos de violencia pueden ser domésticas, aunque enfatizan en mayor medida la violencia expresiva en el contexto doméstico. Para Echeburúa y Amor (2010), la violencia expresiva es una conducta agresiva motivada por sentimientos de ira, la pareja agresora o violenta tiene dificultad para controlar los impulsos o expresar los afectos, mientras que la violencia instrumental se distingue de la expresiva por ser una conducta planificada que expresa insatisfacción pero no genera sentimientos de culpa.
Sin embargo Tedeschi y Felson (1994); Medina (2002) consideran importante la violencia instrumental ya que la conducta violenta puede parecer impulsiva e irracional, pero los seres humanos son capaces de inhibir su respuesta si anticipan que los costes serán elevados. La violencia es una conducta programada, o que sigue un guion, para entender el proceso de toma de decisiones en el contexto, los individuos otorgan valor a los resultados y también a los medios que se usan para obtener dichos medios (Tedeschi y Felson, 1994). En los casos de violencia contra la pareja, el agresor puede comportarse violentamente para obligar a la pareja a hacer, o no hacer algo, es decir actuar premeditadamente utilizando el medio para alcanzar el resultado deseado. Por lo tanto, el homicida puede racionalizar y decidir emplear la violencia. Según Gelles (1983); Medina (2002), la teoría del intercambio social propuesta por Gelles explica la violencia en la pareja y combina elementos de la teoría de la elección racional y de la teoría del control social a partir de dos principios: 1º los hombres son violentos en el hogar si los costes de la violencia no exceden los de sus recompensas. 2º la gente usa la violencia cuando no existen controles sociales que eviten semejante patrón conductual. En este sentido Dobash y Dobash (1998); Medina (2002), señalan que la violencia es como un acto intencional que se ejecuta para obtener unos fines determinados que se encuentran enraizados en la vida cotidiana y están vinculados con las normas y expectativas de conducta de tipo desigual que se generan entre hombres y mujeres en el contexto de todas las relaciones de pareja.
A modo de síntesis, es importante destacar que no existe un único tipo de violencia en los homicidios de pareja, más bien existen algunas modalidades de comportamientos violentos, desde los más impulsivos hasta los más calculadores. Tal y como señalan los autores de este apartado la violencia puede ser instrumental o expresiva pero otras veces una mezcla de las dos. En este sentido considero que cualquier persona adulta homicida o no homicida y con plena capacidad para razonar conoce las consecuencias de matar a otra persona, pero los homicidas de pareja aun sabiendo que los pueden descubrir, capturar y encarcelar cometen el delito, y luego algunos se suicidan, otros se entregan y otros son descubiertos (blog personal del País Vasco, 2016). Por lo tanto para un homicida es más fuerte el impulso del momento o la decisión de acabar con su contraria que el de supervivencia personal.

Las estadísticas oficiales sobre homicidio de pareja son importantes para detectar y recoger información más precisa de la complejidad que conllevan los homicidios de pareja. Según Medina (2002: 86): Las “estadísticas oficiales” comprenden el conjunto de estadísticas recopiladas y mantenidas por diversas instituciones oficiales que de una manera u otra tienen jurisdicción sobre el problema de la violencia doméstica. Incluyen las estadísticas policiales, judiciales, penitenciarias, agencias sociales y sistema de salud pública. Se trata de estadísticas que solo reflejan los incidentes de violencia doméstica revelados por las propias víctimas, por terceros implicados o porque son descubiertos por iniciativa de las agencias que las recopilan, es una pequeña fracción que no recoge el volumen de la violencia no reflejada, llamada “la cifra oscura”. Sin embargo no siempre especifican la relación entre víctima y agresor, imponiendo así su uso para el estudio de la violencia doméstica, pues su elaboración no es perfecta, está afectada por numerosos factores (Hagan, 1993, citado en Medina 2002: 87). Por este motivo, se va a presentar un resumen de datos estadísticos oficiales sobre homicidios de pareja recogidos por varios estudios publicados y por organismos internacionales y nacionales.
Cifras oficiales de homicidios de pareja del hombre hacia la mujer.
De acuerdo con Boltaños (2011: 27), las estadísticas muestran que los hombres son los principales perpetradores de la violencia contra otros hombres y que debido a su alta prevalencia la violencia familiar es un grave problema social y de la salud pública.
En esta misma línea Dutton (citado en Barría, Muñoz y Blagadi, 2013: 16) corrobora que “los hombres son una pieza clave para tener una mejor comprensión del fenómeno de la violencia doméstica, porque es la parte que perpetra el 85% de esta independientemente de la forma de unión de la pareja”.
Tal y como se refleja en los datos recogidos por la Organización Panamericana de la Salud, en 1990 hallaron 23 muertes por cada cada 100 mil habitantes en América Latina, de estas 9 de cada 10 muertes por homicidio ocurren en hombres jóvenes de edad reproductiva (Boltaños, 2011: 29).
Desde esta perspectiva, Verkko (citado en Corradi, y Stöckl, 2014: 602) aporta datos similares e indica que las tasas de homicidios son impulsados principalmente por varones y hombres jóvenes.
Asimismo, la Dirección General de reclusorios del Distrito Federal (México) detalla que del 66,4% de los internos varones de entre 18 y 30 años, el 88% presentan rasgos de desintegración familiar y el 68% fueron receptores de violencia en la familia ejercida por figuras masculinas (CDHDF, 2004). En esta misma línea el Banco Mundial ha demostrado que los hombres tienen un 50% más de probabilidades que las mujeres de ser víctimas de un delito violento cometido por otro hombre (Boltaños, 2011).
Si se compara con España, se puede reafirmar que el número de hombres homicidas es más alto que el de mujeres homicidas. En el INE (Instituto Nacional de Estadística) del 2014 se recogieron un total de 492 homicidios, de los cuales 473 fueron ocasionados por hombres y tan solo 19 por mujeres, estas diferencias también se mantienen cuando se trata de delitos contra las relaciones familiares, en el 2014 hubo un total de 6946 de delitos contra las relaciones familiares, de este total, 6417 fueron cometidos por hombres y 529 por mujeres. Sin embargo esas cifras cambian cuando se mide la variable “otros delitos contra las relaciones familiares”, de un total de 20, 8 fueron cometidos por hombres y 12 fueron cometidos por mujeres, salvo este caso excepcional en el que, es superior el número de mujeres que cometieron “otros delitos contra las relaciones familiares”, el resto de delitos cometidos por el hombre prevalecen significativamente de los cometidos por la mujer.
En este sentido Baca, Echeburúa, y Tamarit (2006: 167) demuestran estadísticamente que la mujer es la víctima más común de la violencia doméstica (76%), si se reduce al entorno de la pareja es el 85% y en casos de violencia contra ascendientes o descendientes en términos de violencia de género se aproxima al 60%. Asimismo Calvo (citado en Baca, Echeburúa y Tamarit, 2006: 168) refleja que la violencia en la pareja es la forma más común de violencia intrafamiliar (77%), la violencia contra menores es del 8% y contra ancianos u otros familiares convivientes es del 15%.
Tal y como señala Company y Soria, (2015: 2) y en coherencia con los resultados hallados por Calvo (citado en Baca, Echeburúa y Tamarit, 2006: 168), los datos estadísticos sobre homicidios de pareja demuestran que la cercanía emocional entre los miembros de una pareja conlleva un riesgo de violencia superior si se compara con otro tipo de relación familiar (por ejemplo padre e hijo).
No obstante Medina (2002: 101) plantea que “los problemas para medir la delincuencia no surgen en los casos de homicidio”, por ejemplo en los Estados Unidos aproximadamente el 50% de los casos de homicidios se desconoce la relación entre agresor y víctima, este hecho hace que sea difícil producir estimaciones ajustadas de la cifra de violencia letal en el ámbito doméstico. Según Medina (2002: 102) “la mayoría de los criminólogos consideran que los casos de homicidio en los que se desconoce la relación entre víctima y agresor son probablemente situaciones que no pueden considerarse como domésticas”. Por lo general, “el marido o la pareja suele ser el primer sospechoso en casos de homicidios de mujeres”.
Un estudio más reciente demuestra que la evidencia de homicidios de pareja es escasa por la falta de información sobre la relación víctima y agresor (Stöckl et al., 2013). En consecuencia de la escasez de información sobre la relación víctima y agresor Stöckl et al., (2013) investigaron en 66 países para estimar la prevalencia global y regional de homicidios de pareja. Tras analizar los resultados del estudio demostraron que; del total de homicidios, el 13,50% fueron cometidos por un miembro de la pareja. Que los homicidios femeninos tuvieron un porcentaje más alto (38,60%) en comparación con el porcentaje (6,30%) de los homicidios masculinos. Y que la media más elevada de los porcentajes de todos los homicidios femeninos fue superior en los países con ingresos más altos (41,2%). Una pequeña síntesis de los resultados hallados por Stöckl et al., señalan que: 1 de cada 7 homicidios son de pareja y de esa proporción más de la tercera parte son homicidios de mujeres perpetrados por el hombre.
Tales resultados reflejan el problema social, personal y político que supone a gran escala el homicidio de pareja. En este sentido Corradi y Stöckl, (2014: 601) han investigado sobre homicidios de pareja en 10 países europeos (Alemania, Eslovenia, España, Finlandia, Francia, Italia, Países Bajos Portugal, Reino Unido y Suecia) y han encontrado que existe una alta prevalencia de homicidio de pareja en todos países mencionados y en especial para las mujeres, a pesar de los fuertes avances en el desarrollo de políticas durante las dos últimas décadas.
Otra cuestión importante es que los resultados de este último estudio indican que no hay una relación directa entre los avances del desarrollo de políticas y la reducción del número de homicidios de pareja.
Cifras oficiales en violencia de género.
En este sentido, la gran mayoría de los estudios citados coinciden estadísticamente en cifras más altas de hombres homicidas de pareja que de mujeres homicidas de pareja, de estas cifras se extiende el homicidio del hombre hacia la mujer y su relación con el número de muertes anuales a causa de la violencia contra la mujer.
En la actualidad, se trata de un problema grave por el continuo número de víctimas mortales, tal y como se refleja en la ficha resumen del Ministerio Español de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad de datos del 2015 se han presentado 59 casos de víctimas mortales por violencia de género.

El centro de prensa de la OMS en el Informe mundial de la violencia y la salud, señala que; casi la mitad de las mujeres que mueren por homicidio son asesinadas por sus maridos, parejas del momento o anteriores. La violencia contra las mujeres ocasiona afecciones inmediatas y a largo plazo, lesiones físicas, síndromes de dolor crónico, depresión y comportamientos suicidas, también puede afectar a los ingresos, al trabajo y a la capacidad de que la mujer conserve este mismo trabajo. Manifiesta que, en algunos países, el porcentaje de mujeres que declaran haber sido víctimas de agresiones físicas se eleva al 69%, y hasta un 47% de las mujeres señalan haber sufrido una iniciación sexual forzada, mientras que las tasas de homicidio femenino en varios países de desarrollo y con economías en transición superan el 6 por 100 000 habitantes, se trata de una cifra de 10 a 15 veces más alta que la de los países con las tasas de homicidio femenino más bajas (Japón, Reino Unido, España, Francia, Italia, Grecia), que son del 0,4 al 0,5 por 100 000 habitantes.


Al igual que no existe un perfil único para detectar una posible víctima tampoco lo hay para detectar al victimario o agresor. Los autores Ortiz, Martínez, A. y García, García, E. (2008) argumentan que la personalidad del victimario que actúa violentamente contra una mujer en su relación de pareja tiene una biografía y experiencia de vida única con patrones de afrontamiento adecuados o inadecuados, racionales o irracionales y todo ello aplicado en diferentes contextos, esta es la razón por la que difícilmente se puede determinar un único perfil para el victimario.
Aunque la evidencia empírica demuestra que si existen diferentes perfiles o tipologías de victimarios, tal y como se puede apreciar en distintas investigaciones. Barria, Muñoz y Blagadi L. (2013) clasifican y sintetizan dos o tres perfiles (maltratadores solo violentos con sus familias, maltratadores violentos generales y un grupo intermedio de maltratadores ciclotímicos o emocionalmente inestables) en función de los resultados hallados por otros autores.
Otras tipologías citadas en Barria, Muñoz y Blagadi L. (2013) son las estudiadas por:
Holztworth-Munroe y Stuart (1994), fueron de los primeros que comenzaron a trabajar con hombres agresores y sus familias a partir de las experiencias clínicas.
Amor, Echeburúa y Loinaz (2009), consideran la importancia de herramientas como el MMPI y MCMI para poder establecer perfiles diferenciales psicopatológicos y de los trastornos de la personalidad en los hombres agresores.
Dutton y Golant (1997) quienes separan tres categorías (Tipo A: Maltratador básico, tipo B: Maltratador Hipercontrolador y tipo C: Maltratador psicópata).
Gottman y Levenson (citados en Quinteros y Carbajosa, 2008), midieron la respuesta cardiaca de los hombres golpeadores, en reposo y durante un conflicto, identificaron dos grupos Maltratador Tipo I o Cobra, y maltratador Tipo II o Pitbull, señalan que se produce un “ensamblaje fisiológico” el contagio de la aceleración fisiológica del uno al otro, es decir las emociones negativas que predominan en los hombres son la ira y el desprecio mientras que en la mujer son el miedo y la tristeza.
Johnson y Ferraro (2000), han postulado hasta cinco tipos de relación violentas a partir de los perfiles de hombres agresores; La violencia de pareja común, cuando hay un máximo de dos incidentes violentos. El terrorismo íntimo, patrón general de control y manipulación. La resistencia violenta, una pareja se convierte en el control o miedo mientras que el otro puede responder con la violencia en defensa propia. El control violento mutuo, ambas partes utilizan la violencia para controlar unos a otros en un entorno específico. Disfórico-límite de la violencia, implica a una persona necesitada y emocionalmente dependiente y un tipo de agresor “pitbull”.
De acuerdo con las diferentes tipologías de agresores, Loianaz, I. Echeburúa, E. y Tottubia, R. (2010) también desarrollaron un estudio específico sobre la tipología de agresores contra la pareja en prisión con una muestra de 50 sujetos internados por violencia contra la pareja de un centro penitenciario español. Los autores evaluaron en cada uno de los sujetos; la autoestima, la ira, las distorsiones cognitivas, los trastornos de la personalidad, la frecuencia y tipo de violencia. El análisis de la evaluación separa a dos tipos de agresores: “violentos con la pareja/estables emocionalmente/integrados socialmente” se caracterizan por una violencia al ámbito de pareja, tienes más autoestima, menos distorsiones cognitivas, mayor control de la ira, abusan menos del alcohol y menos antecedentes penales a diferencia del otro tipo de agresores “violentos generalizados/poco estables emocionalmente/no integrados socialmente” la violencia se extiende más allá del entorno familiar, presentan más alteraciones de la personalidad, más distorsiones cognitivas, más antecedentes penales y abusan más de las drogas, es un perfil con mayor grado de peligrosidad que el anterior.
Otra de las investigación de Echeburúa, E. junto con Amor, P. J. (2010) especifican las características habituales y psicopatológicas de las diferentes tipologías de agresores contra la pareja; el 74% de los agresores que solo son violentos en el hogar ejercen la violencia en solo en casa y cuyos desencadenantes son el abuso de alcohol, los celos patológicos y las frustraciones fuera del hogar, mientras que el 26% ejercen la violencia en casa y en la calle, han sido maltratados en la infancia y tienen ideas distorsionadas sobre la violencia. En cuanto al perfil psicopatológico el 55% de los agresores presenta un déficit en habilidades interpersonales, carencias en el proceso de socialización que producen déficit en las relaciones interpersonales y emplean la violencia como estrategia de afrontamiento, en último lugar se sitúan el 45% de los agresores que carecen de control de sus impulsos, manifiestan episodios bruscos e inesperados de descontrol con la violencia, poseen mejores habilidades interpersonales y tienen conciencia de la inadecuación de la violencia como estrategia de afrontamiento. 
El autor Dutton (1999) citado en (Barria, Muñoz y Blagadi L, 2013) señala que “los hombres son una pieza clave para tener una mejor comprensión del fenómeno de la violencia doméstica, porque es la parte que perpetra el 85% de esta independientemente de la forma de unión de la pareja”.
Por último, se va a sintetizar los datos más característicos del victimario recogidos en el informe sobre víctimas mortales de la violencia de género y de la violencia doméstica en el ámbito de la pareja o expareja en el 2013 presentado por el Consejo General de Poder Judicial, se trata de los resultados estadísticos relacionados con el perfil del agresor, su nacionalidad y su respuesta ante la agresión. El 72% de los presuntos agresores son españoles y el 28% extranjeros, mientras que afortunadamente el 70,4% de los presuntos agresores son detenidos inmediatamente después de la comisión del delito.





Echeburúa (2015), explica en las jornadas de formación y sensibilización social sobre la violencia: prevención educativa e intervención social (27), distintas variables y factores implicados en el desarrollo de la violencia de género
Variables sociales como “una ideología machista, el reto de la libertad conquistada por las mujeres y el divorcio como válvula de escape”.
Factores psicológicos, “violencia en la familia de origen, conducta agresiva como estilo personal, situaciones de estrés, violencia como compensación, autoestima pobre, déficits en las habilidades de comunicación y solución de problemas”.
Factores psicopatológicos, “abuso del alcohol y drogas, celos excesivos, conductas posesivas/obsesivas, dependencia emocional e impulsividad e ira descontroladas”.
Estilos de pensamiento erróneo, “ideas machistas sobre la inferioridad de la mujer, la violencia como forma válida de solución de conflictos y valoración inadecuada  de la violencia”.
También existen otros factores de riesgo estudiados por los autores Crowell y Burguess (1996) citados en (Medina, 2002) (6). Dichos autores señalan que las tasas de violencia doméstica son más acentuadas entre parejas de las diferentes minorías étnicas que habitan en los Estados Unidos que las tasas de violencia doméstica en las parejas de origen anglosajón que habitan en los Estados Unidos, en 1992 el riesgo de ser asesinada por la pareja era de 6 entre 100.000 para mujeres afroamericanas entre 18 y 34 años mientras que era tan solo del 1.4 para mujeres blancas de ese mismo grupo de edad.
Browne (1996) citado en (Medina, 2002) (6), especifica que el mayor grado de victimización que sufren las mujeres pertenecientes a minorías étnicas en los Estados Unidos se encuentra asociado a factores de carácter comunitario como la pobreza, el aislamiento social, la falta de servicios sociales suficientes y con altas tasas de delincuencia en general.

En lo que respecta a la clase social, algunos estudios cuestionan la relación entre la violencia doméstica y la clase social a la que se pertenece, tal y como se demuestra en la Encuesta Nacional de Victimización realizada cada año en los Estados Unidos con una muestra de 45.000 domicilios, una tasa anual de violencia de género sufrida por mujeres mayores de 12 años de 19,9 en domicilios con ingresos inferiores a 10.000$ anuales a diferencia de aquellos ingresos anuales superiores a 50.000$ que cuya tasa anual es de 4,5 domicilios (Medina, 2002) (6).



Las estadísticas oficiales de cada país tienen un sistema más o menos diferente de colección de datos sobre delitos y faltas, estas diferencias hacen que sea difícil la comparación de tasas nacionales sobre la violencia de género (Medina, 2002), como por ejemplo, en los Estados Unidos, el 50% de los homicidios desconocen la relación entre agresor y víctima, por tanto resulta difícil estimar la cifra real de violencia letal en el ámbito doméstico (Medina, 2002).
Por ese motivo, se va a contemplar datos específicos de incidencia y prevalencia sobre femicidio en los países de la Unión Europea durante los año 2000, 2003 y 2006, extraídos de la publicación estadística del Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades presentes en el MSSSI (17) (ver Anexo V).
No obstante, la Organización Mundial de la Salud (18) dispone de una panorámica más amplia de datos que revelan las cifras de prevalencia sobre la violencia de género en diferentes ámbitos geográficos y a nivel mundial, según las edades de las víctimas durante el año 2010 (ver Anexo VI, VII y VIII).
El centro de prensa de la OMS pública resultados sobre el Informe mundial de la violencia y la salud (19), señala que; casi la mitad de las mujeres que mueren por homicidio son asesinadas por sus maridos, parejas del momento o anteriores.
Según lo publicado en el centro de prensa de la OMS; la violencia contra las mujeres ocasiona afecciones inmediatas y a largo plazo, lesiones físicas, síndromes de dolor crónico, depresión y comportamientos suicidas, también puede afectar a los ingresos, al trabajo y a la capacidad de que la mujer conserve este mismo trabajo. Manifiesta que, en algunos países, el porcentaje de mujeres que declaran haber sido víctimas de agresiones físicas se eleva al 69%, y hasta un 47% de las mujeres señalan haber sufrido una iniciación sexual forzada, mientras que las tasas de homicidio femenino en varios países de desarrollo y con economías en transición superan el 6 por 100 000 habitantes, se trata de una cifra de 10 a 15 veces más alta que la de los países con las tasas de homicidio femenino más bajas (Japón, Reino Unido, España, Francia, Italia, Grecia), que son del 0,4 al 0,5 por 100 000 habitantes.

INTERPRETACIÓN DE DATOS
A modo de síntesis, se va a interpretar los datos manifiestos en los anexos I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII y IX de homicidio por violencia de género a nivel nacional, europeo y mundial.
Por un lado, las cifras oficiales españolas de homicidio por violencia de género publicadas por el MSSSI y por el blog personal del País Vasco, siguen siendo muy altas, existe una continuidad anual aunque con un ligero descenso en los últimos cinco años, hasta lo que llevamos ya de año con 48 mujeres fallecidas de las cuales solo denunciaron 9 y de esas 9 tan solo a 3 les concedieron medidas de protección decidiendo ellas mismas quebrantar las medidas de protección, la gran mayoría de las víctimas eran españolas, la edad con más número de víctimas es de los 30 a los 50 años y las zonas españolas con mayor número de homicidios en lo que llevamos del 2015, son las costeras en primer lugar Andalucía, y seguidamente la Comunidad Valenciana, Cataluña y Galicia.
Por otro lado, la representación de datos oficiales sobre la incidencia y prevalencia de femicidio en el año 2000, 2003 y 2006 de los países europeos, publicado en el  MSSSI, demuestra que Alemania es el país que más incidencia ha sufrido en los años 2000, 2003 y 2006 con un total de incidencia por femicidio de 437, 426 y 387 respectivamente a diferencia de su prevalencia que ha ido disminuyendo a lo largo de estos años.
Con respecto al total de femicidios durante el año 2006 (año que más se aproxima a nuestros días), después del número de incidencias en Alemania, le han seguido consecutivamente Turquia con un total de incidencia por femicidio de 334, Reino Unido con 195, Italia con 169 y España con 115.
De los 35 países europeos representados en el año 2000, 2003, 2006, España ha sido uno de los países que más incidencia de femicidios ha sufrido, tal y como se aprecia en la tabla ha ocupado el quinto lugar.
Si se compara el trascurso de homicidios por violencia de género del año 1999 hasta el año 2013 en España, expuesto en el gráfico de víctimas mortales por violencia de género del INE (20), nos demuestra su continua evolución sin que haya habido grandes cambios (ver Anexo IX). Por lo tanto se puede interpretar que España podría seguir siendo uno de los países europeos con mayores cifras oficiales en homicidio por violencia de género si en los países europeos señalados tampoco se han presentado grandes cambios en los últimos años.

Por último, es importante señalar que la violencia de género tal y como se refleja en las tablas de los diferentes ámbitos geográficos en los anexos VI, VII y VIII, sigue siendo un problema de carácter universal muy grave por sus elevadas cifras, pero sobre todo en las zonas donde mayor pobreza existe como por ejemplo África y el Sur-este Asiático presentan cifras oficiales de prevalencia en violencia de género durante el año 2010 mucho mas altas.



El homicidio por violencia de género es la forma más extrema de violencia del hombre contra la mujer, en la actualidad genera una fuerte alarma social, se considera un problema grave por el continuo crecimiento de los últimos años en España según los datos estadísticos presentes en la ficha resumen del Ministerio Español de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad (12) sobre cifras oficiales.
Otro concepto de especial importancia que no aparece en nuestra legislación pero que guarda estrecha relación con el homicidio por violencia de género, es el de femicidio. Fernández (2012), autora del artículo “Femicidios: La ferocidad del patriarcado” (11), considera que el femicidio es el asesinato de las mujeres por razones asociadas a su género y que derivan generalmente de causas culturales, políticas y sociales resultado de las relaciones estratégicas de poder, dominación y privilegio de los varones con respecto a la mujer.
Desde esta perspectiva las mujeres víctimas del femicidio son aquellas que mueren a causa de violaciones, torturas, mutilación genital, incesto, abuso físico y emocional, acoso sexual, uso de las mujeres en la pornografía, explotación sexual, violación conyugal, esterilización o maternidad forzada, trata, abortos ilegales (Fernández, 2012) (11).
El femicidio atiende a los asesinatos de todas las mujeres por razón de su género, es un nuevo concepto político, construido y posicionado por un colectivo de organizaciones de mujeres utilizado para denunciar la violencia contra las mujeres (Fernández, 2012) (11). En su análisis se puede interpretar que el femicidio tiene un alcance de mayor envergadura a diferencia del homicidio por violencia de género dedicado a las mujeres que murieron en manos de hombre con el que establecieron una relación sentimental
En este apartado se va a presentar un resumen de datos provisionales recogidos por el Ministerio Español de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad (12) y en lo que respecta al homicidio por violencia de género a día de hoy
El número de víctimas mortales en lo que llevamos de año hasta hoy, 16 de noviembre del 2015, es de 48, de esas 48 víctimas 9 habían denunciado, tan solo 3 víctimas tenían medidas de protección en vigor, de esas 3 se produjo quebrantamiento de medidas con el consentimiento de ellas.
De las 48 víctimas 30 eran españolas y 18 extranjeras, la edad de las víctimas comprendía de los 21 años hasta los 74.
Los territorios geográficos españoles en los que acontecieron los homicidios han sido; Andalucía 10 víctimas, Asturias 2 víctimas, Islas Baleares 1 víctima, Canarias 2 víctimas, Cantabria 1 víctima, Castilla La Mancha 1 víctima, Castilla y León  2 víctimas, Cataluña 7 víctimas, Comunidad Valenciana 9 víctimas, Extremadura 1 víctima, Galicia 6 víctimas, Madrid 3 víctimas, Murcia 1 víctima y País Vasco 2 víctimas.
El blog personal del País Vasco (13) nos ofrece el número de mujeres muertas por violencia de género y los datos de cada una de ellas correspondientes por años comprendidos entre el 2007 y lo que llevamos del 2015.
Dada la gravedad del fenómeno, se va a destacar, como han ido aconteciendo los homicidios en lo que llevamos de año, según el blog personal del País Vasco (13):

“1ª Víctima. Elche (Alicante). Teresa, de 70 años es asesinada a golpes de barra de hierro por su expareja de la misma edad, que posteriormente se suicida. Se habían divorciado hace dos años y en 2013 ella había presentado una denuncia por maltrato psicológico que no prosperó. 2ª Víctima. Elche (Alicante). La hermana de Teresa, de similar edad a ella, también fue asesinada por su excuñado citado anteriormente. Listo las dos mujeres como violencia machista aunque solo la expareja , la primera de ellas, aparecerá como víctima de violencia de género real en los listados del Ministerio (esta hermana aparece sólo como “víctima de violencia de género extendida”). 3ª Víctima. Orba (Alicante). Tras asfixiar a su pareja, una mujer de 69 años, huye a Alemania y allí, a los tres días se entrega a la policía. 4ª Víctima. Terrassa (Barcelona). Estando el hijo de 6 años en la misma casa, un hombre de 44 años mata a su mujer a puñaladas, posteriormente llama a sus suegros y se suicida. 5ª Víctima. Ronda (Málaga). Mujer de 39 estrangulada en el hotel donde se hospedaba con su pareja. Dejan 3 hijos menores huérfanos. 6ª Víctima. Valencia. Susana, de 38 años, brutalmente asesinada a cuchilladas por su pareja, Nacho, de 47 años. Dejan 3 hijos menores que estaban en el colegio en ese momento. 7ª Víctima. Algorfa, (Alicante). Rosemary Broadwell, de 76 años. El 15 de septiembre de 2014 su pareja denunciaba su desaparición y ahora por fin se le ha detenido tras indicar donde se hallaba el cuerpo y confesar que la mató a bastonazos. Puesto que es una muerte ocurrida en 2014, no aparece en las listas oficiales de este año (pero tampoco apareció en su día en la de 2014, por tal motivo la incluyo yo aquí ahora). 8ª Víctima. Xabia (Alicante). Hanane O., de 43 años, falleció tras 9 días de hospitalización a causa de la brutal agresión con una sartén propinada por su pareja, de 39 años. El asesinato se produjo delante de sus hijos de 8 y 12 años. 9ª Víctima. Cáceres. Tamara Simón tenía 23 años, su marido de 24 años la arrojó del coche en marcha cuando circulaban por la autovía. Tenían un bebé de año y medio. 10ª Víctima. Alhaurín de la Torre (Málaga). Ella tenía 28 años y fue estrangulada por su pareja, de 40 años, que posteriormente se suicidó ahorcándose. Tenían una hija de 6 años. 11ª Víctima. Lleida. Una mujer de 24 años es asesinada a tiros por su marido, que posteriormente trata de suicidarse. Dejan dos niños huérfanos de 1 y 3 años. 12ª Víctima. Vitoria-Gasteiz (Alava). Mujer de 29 años acuchillada por su marido de 34. 13ª Víctima. Sorbas-Nijar (Almería). Francisca, de 47 años, asesinada de un tiro por su pareja. También asesinado el jefe de ésta. 14ª Víctima. Ourense. Remata a su mujer, María Isabel S., de 62 años, que estaba ingresada con una grave lesión cerebral desde hace el día 3 de abril fruto de una agresión brutal anterior. 15ª Víctima. Brasil (Consejero de embajada española). Se llamaba Rosemary Justino López, 50 años, su marido, Jesús Figón, de 64 años la apuñaló hasta matarla. El Ministerio no la cuenta en su listado de asesinadas por producirse fuera de España, no obstante puesto que el presunto asesino es un comisario de policía, consejero de interior de la embajada de España en Brasil, y puesto que las embajadas españolas son territorio español estén donde estén, la meto yo en mi listado, con el fin de que ninguna mujer quede sin visibilizar. 16ª Víctima. Denia (Alicante): Una mujer de 48 años fue degollada por su pareja, Francisco José Navarro García, de 47 años, que tenía una orden de alejamiento por vejaciones y lesiones. 17ª víctima. Villaviciosa de Odón (Madrid) . Mujer de 41 años acuchillada hasta la muerte por su marido. Un hijo de 8 años estaba en casa en ese momento. 18ª Víctima. Alcalá de Guadaíra (Sevilla). María del Águila Pérez, 50 años. Asesinada brutalmente golpeándola contra el lavabo y la taza del WC del domicilio, destrozándole la cabeza y la cara por su pareja, Mario Calderón, de 52 años. 19ª Víctima. Camargo (Cantabria). M.A.Q.R., tenía 40 años y fue apuñalada con un cuchillo de cocina en el pecho por su marido, J.L.P.H. Tras el crimen se suicidó. 20ª Víctima. Torre del Mar (Málaga). Estaban de vacaciones en España y ha sido detenido el marido, de 50 años, ya que la mujer ha aparecido con signos de asfixia. Este caso se encuentra todavía en investigación y por ello no aparece aún en las listas del Ministerio sobre Violencia de género. 21ª Víctima. Soria. Una mujer de 36 años muerta, el marido está detenido y se ha decretado secreto de sumario pero apunta a violencia de género. 22ª Víctima. Barcelona. Mujer aparece muerta dentro de un coche en el fondo del puerto de Barcelona. 23ª Víctima. Arbo (Pontevedra). Beatriz, de 30 años, y su pareja Sergio, de 36 años, son encontrados asesinados dentro de un coche. Se ha detenido a la expareja de ella, Alberto. 24ª Víctima. Pravia (Asturias) Mujer de 68 años, asesinada por su marido, de 65, que posteriormente se suicida. 25ª Víctima. Arganda del Rey (Madrid). Un hombre de 29 años asesina a su pareja, suicidándose posteriormente. 26ª Víctima. Santa Cruz de la Palma (Santa Cruz de Tenerife). Laura tenía 27 años, fue rociada de gasolina en pleno día, en la tienda donde trabajaba y prendida fuego por su expareja, David. de 30 años. 27ª Víctima. Calella (Barcelona). Aparece en un descampado deshabitado el cuerpo de una mujer, totalmente destrozado y asesinado con saña. A los pocos días se detuvo a un hombre de 42 años y hasta octubre no se incorpora a esta lista por estar en investigación hasta demostrar la relación de pareja entre el hombre y al mujer. 28ª Víctima. Mollina (Málaga). Chari Escobar tenía 60 años y moría apuñalada a manos de su expareja, de 58, que posteriormente se suicidaba. El hermano de la mujer había denunciado 2 veces al supuesto agresor aunque ella no ratificó las denuncias “por lástima”. 29ª Víctima. Serra (Valencia). Tras todas las investigaciones realizadas, por fin a primeros de noviembre se estima que este fue un caso de violencia de género. Dolores Moya González, de 45 años murió como consecuencia del incendio de su casa. En agosto se detuvo al marido al haberse visto indicios de incendio provocado. Una semana más tarde de la detención el hombre se ahorcó en la prisión. 30ª Víctima. Sant Jordi (Palma de Mallorca). G.V., de 33 años, degollada por su expareja, J.S., de 38 años. Fue a buscarla a su casa con un cuchillo de cocina y la asesinó. 31ª Víctima. Castelldefels (Barcelona). Un hombre asesina a tiros a su mujer, su hijo de 9 años y su hija de 7 años.. tras el crimen múltiple se suicida. 32ª Víctima. Cuenca. Marina Okarynska, 26 años, Desapareció junto a su amiga el día 7, sus cuerpos fueron hallados el día 11 y el asesino, Sergio Morante ha sido detenido en Rumania el día 13. 33ª Víctima. Cuenca. Laura del Hoyo, de 24 años, había ido con su amiga a casa del asesino a recoger las cosas de ella, tras haber roto con él. El asesino, Sergio Morante, las asesinó a las dos, enterró sus cuerpos en cal viva, que aparecieron el pasado día 11 y finalmente ha sido detenido en Rumanía el día 13. Este caso no entra en las listas del Ministerio al no ser pareja, sino amiga de la pareja, no obstante es de suma justicia que aparezca en este listado por ser una víctima de este asesino machista. 34ª Víctima.  Castelldefels (Barcelona). 2ª mujer asesinada en este municipio en una semana. Olga F. E, de 44 años, asesinada con un gran machete por su expareja, J.M.G., de 50 años, en plena calle de Cuenca. Fue detenido por los propios vecinos hasta que llegó la policía. 35ª Víctima.  Armilla (Granada). Otilia Márquez, de 68 años, asesinada a hachazos en cuello y pecho por su marido, de 72 años, que ha sido detenido. 36ª Víctima. Bilbao. Leire, fue atropellada el día 8 pero hasta el día 18 no se supo que lo hizo su exmarido (que trató de suicidarse cuando ese día fue citado a declarar como sospechoso ya). 37ª Víctima. Holanda. Sandra García Geraldino, de Sabadell (Barcelona), de 45 años había ido a Holanda a recuperar a las hijas que tenía el exmarido. Allí el hombre la mató y enterró hasta ser descubierto y detenido. Este caso no entra en las listas del Ministerio al haber ocurrido en Holanda pero este blog la visibiliza por ser una mujer de Sabadell que estaba allí sólo para recuperar a sus hijas y merece al menos ser recordada. 38ª Víctima. Noalejo (Jaén), tras acuchillar a su mujer, Toñi, de 43 años, hasta matarla, se suicida de un disparo. 39ª Víctima. Vigo (Pontevedra). Divina Mendes, de 46 años, asesinada a golpes por su pareja. Tras ello se entregó a la policía. 40ª Víctima. Valencia. Fuensanta, de 42 años, había conocido a su pareja por internet, Este la golpeó y apuñaló hasta matarla y posteriormente trató de suicidarse. 41ª Víctima. Erandio (Bizkaia). Almudena, de 39 años, asesinada presuntamente por su novio, Jorge Vicente, de 39 años también. 42ª Víctima. Beniel (Murcia). Maimouna Diarra, de 23 años, asesinada a golpes en la cabeza por su expareja, de la que tenía una orden de protección. 43ª Víctima. Vigo (Pontevedra). Silvina De Oliveira, asesinada a golpes por su marido, Pedro A. R.M., de 54 años, que se suicidó posteriormente. 44ª Víctima. Guardo (Palencia). Un hombre asesina a cuchilladas a su pareja y posteriormente se ahorca en el bar de su propiedad. 45ª Víctima. Sobradillo (Santa Cruz de Tenerife). Iris Francés tenía tenía 35 años, su exmarido la atacó y degolló en plena calle, hiriendo también a la madre. La víctima había presentado algunas denuncias por malos tratos, la última hacía tan sólo 15 días por acoso y maltrato. 46ª Víctima. Ponte Sampaio (Pontevedra). Concepción Reguera Peón, de 38 años asesinada por su exnovio, José Antonio Lusquiños Bustelo. La relación había durado unos meses y hace poco se había roto. 47ª Víctima. O Calvario-Vigo (Pontevedra). María José R.F., de 71 años, cae por una ventana del tercer piso donde vivía. Su marido, de 62 años, ha sido detenido por el hecho. Parece ser que los malos tratos habían continuado durante años. 48ª Víctima. Elche (Alicante) una mujer de 42 años, asesinada a golpes por su pareja, de 46 años.