Además del peligro
que conlleva el comportamiento violento en las relaciones de pareja, también se
ha comprobado que los homicidas de pareja contra la mujer poseen algunas
características de personalidad y trastornos mentales que les conduce a
comportarse de manera violenta. Por ejemplo, la presencia de ciertos trastornos
de personalidad, la ira, o la impulsividad pueden ser características de
personalidad que predicen el comportamiento homicida de pareja por la violencia
ejercida contra la mujer. Cuenca y Graña (2016) han comprobado que los síntomas
psicopatológicos de ira/hostilidad, rasgos de personalidad (impulsividad,
histriónica, límite y antisocial) y el consumo de alcohol pueden ser factores
de riesgo para perpetrar violencia física. En concreto, Caman, Howner,
Kristiansson y Sturup (2016) han demostrado que el carácter impulsivo y
reactivo es una de las características de personalidad más significativas en
los homicidas de pareja de la población sueca a diferencia de otro tipo de
homicidas. En este sentido, Kristie A. Thomas, Melissa E. Dichter y Jason
Matejkowski (2011), enfatizan el papel de la ira, los comportamientos
antisociales y los problemas de salud mental como protagonistas de la gran
mayoría de los homicidios de pareja. También, Montalvo y Echeburúa (2008) han
obtenido datos significativos en hombres condenados por violencia grave contra
la pareja que padecen problemas de salud mental. De una muestra de 76 hombres
condenados por violencia contra la mujer, el 86,8% presentaba al menos un
trastorno de personalidad, en concreto, el 57,8% padecía un trastorno
obsesivo-compulsivo, el 34,2% un trastorno dependiente, el 25% un trastorno
paranoide, y el 14,4% tendencias psicopáticas claras (Montalvo y Echeburúa,
2008). Según Medina (2002) el empleo de autoinformes que miden el grado de
psicopatología en hombres violentos contra la pareja proporciona niveles altos
en depresión, problemas de autoestima, problemas con el alcohol y la presencia
de trastornos de personalidad antisocial o límite.
Desde una
perspectiva evolucionista, se ha estudiado la estabilidad del comportamiento
antisocial y agresivo contra la pareja. Cuando los individuos que comienzan a
comportarse de manera antisocial en edad temprana son más proclives a seguir
haciéndolo más tarde durante toda su vida (Medina, 2002). Olweus (1979); Medina
(2002), demuestran en la revisión de Olweus, la alta correlación de 0,63 en
estabilidad de la agresión en edades tempranas y en el desarrollo evolutivo. El
autor sostiene que la mayoría de individuos que se comportan de manera agresiva
durante su infancia, también lo harán en etapas sucesivas de su vida. Por lo
tanto, la estabilidad temporal del comportamiento violento que comienza en edad
temprana y continúa en edad adulta puede ser una característica personal del
individuo.
No obstante, el
comportamiento violento en edad temprana y su evolución en edad adulta también
se puede explicar desde una teoría basada en el aprendizaje social de Bandura
(1973), el individuo aprende a comportarse de forma violenta por la exposición
y observación de un entorno familiar violento, los maltratadores que han sido
objeto de abuso durante su infancia o que han vivido en el hogar en el que su
padre maltrataba a su madre han aprendido este tipo de conducta (Medina, 2002).
Kristie A. Thomas, Melissa E. Dichter y Jason Matejkowski (2011), señalan la
estrecha relación entre el uso de la violencia en la familia y en etapas
posteriores de la edad temprana. Los hombres que utilizan la violencia contra
la pareja son más propensos a haber tenido historias de vida con amigos y
familiares que figuraban comportamientos antisociales y consumían alcohol y
drogas (Kristie A. Thomas, Melissa E. Dichter y Jason Matejkowski, 2011).
También el estudio de Caman, Howner, Kristiansson y Sturup (2016) aporta datos
de homicidas de pareja alcohólicos que han sufrido historias familiares de
violencia y han sido víctimas de abuso sexual.
En cuanto a la
teoría del apego de Bowlby (1969); Dutton (1995); Medina (2002) explican la
relación del vínculo emocional con el maltrato durante la infancia y la
violencia en la pareja. Los individuos tienen la necesidad innata de mantener
relaciones afectivas y de intimidad para sobrevivir, pero si el individuo no
puede establecer vínculos de manera satisfactoria durante su infancia
desarrollan carencia afectiva y la agresión es una respuesta a la falta de
satisfacción de dichas necesidades, cuando el niño no ve cubiertas sus
necesidades puede expresarlo a través del enfado. Aparte del vínculo emocional
que establecen los padres con el niño para cubrirle sus necesidades afectivas,
también es importante conocer el papel que juegan los iguales en el desarrollo
del niño, según Medina (2002) la evidencia empírica destaca que los grupos de
amigos son relevantes para comprender la conducta violenta contra la pareja
porque en el grupo de amigos se puede aprender a imitar y observar
comportamientos violentos.
En su conjunto, Sanmartín, Iborra,
García y Martínez (2010), destacan cinco factores individuales del agresor que
ejerce violencia contra la mujer: 1º factor, interiorización de un modelo de masculinidad rígido y
estereotipado. 2º factor, socialización autoritaria en el valor de la
disciplina y del control, o socialización hiperprotectora. 3º factor,
comportamientos y pensamientos irracionales: misoginia, inseguridad y baja
autoestima, impulsividad o falta de autocontrol, posesividad e hipercontrol. 4º
factor, efecto real de la visión de la violencia en las pantallas. 5º factor,
abuso de sustancias tóxicas.
De acuerdo con los autores citados, es importante considerar las características
más relevantes del agresor, como por ejemplo la ira, la impulsividad, la baja
autoestima, la psicopatología, la depresión y el alcoholismo… en suma con las
condiciones socio-ambientales procedentes de un entorno social hostil en el
que, el agresor ha ido aprendiendo, adquiriendo y trasmitiendo los
comportamientos violentos en la relación de pareja. Se trata de un conjunto de
causas multifactoriales potenciales para que se produzca el homicidio y a la
vez son causas predictoras del perfil homicida de pareja contra la mujer.

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