El informe sobre
víctimas mortales de la violencia de género y de la violencia doméstica en el
ámbito de la pareja o expareja en el 2013 presentado por el Consejo General de
Poder Judicial señala que la violencia de género se trata de un fenómeno
que afecta a las mujeres independientemente de la clase social a la que
pertenezcan, grupo étnico, edad y nivel de estudios, según los datos recogidos
en el 2013 con respecto al perfil de la víctima.
La edad de las
víctimas mortales durante los años 2010, 2011, 2012 y 2013 se concentra entre
los 26 y 45 años, representando un 64,80% del total, sin embargo la cifra de
víctimas mortales va disminuyendo conforme aumenta la edad y en especial entre
los 56 y 65 años tal y como aparece en el informe de víctimas mortales por
violencia de género del año 2013 en el CGPJ.
Otro de los
aspectos que destaca el informe de víctimas mortales por violencia de género
del año 2013 en el CGPJ es la relación de parentesco o de afectividad: “el
59,30% de las víctimas mortales mantenía la convivencia o relación afectiva con
su presunto agresor en el momento de la muerte” Además indica que la gran
mayoría de víctimas son españolas el 74% frente al 24% de nacionalidad extranjera.
Baca, Echeburúa y
Tamarit (2006), afirman que no existe una personalidad de mujer
maltratada, más bien se construyen unos rasgos de personalidad en consecuencia
de la relación violenta mantenida y que pueden desaparecer cuando consiguen
salir de la relación violenta con ayuda psicosocial y conforme va pasando el
tiempo.
Las investigaciones
demuestran que la educación no evita la violencia, pero en su conjunto las
mujeres maltratadas tienen menor nivel educativo, también tienen asumido su rol
sexual al igual que las obligaciones que se derivan de él. Mantienen una serie
de creencias sexistas “fruto de un determinado proceso de socialización” (Baca,
Echeburúa y Tamarit, 2006).
Los autores Baca,
Echeburúa y Tamarit (2006) señalan que, a raíz de las consecuencias producidas
por la relación violenta, la mujer maltratada desarrolla nuevas sensaciones,
pensamientos y comportamientos:
Sensación de
amenaza incontrolable a la vida y a la seguridad personal, violencia repetida
mezclada con períodos de arrepentimiento y ternura que suscitan en la mujer
ansiedad con respuestas de alerta.
Aislamiento social,
a causa de una mayor dependencia hacia el agresor, quien va experimentando un
aumento de dominio a la vez que la víctima con su soledad.
Sentimiento de
culpa, las víctimas se autoinculpan de su situación, justifican su maltrato por
haber provocado con sus comportamientos determinadas situaciones.
Depresión y
sentimientos de baja autoestima, ofrecen un cuadro de debilidad psíquica y
deterioro de toda su personalidad, disminuyen los recursos personales por el
amedrantamiento que se apodera de ellas, con pérdidas de asertividad, son más
inseguras e incapaces para tomar decisiones, rinden peor profesionalmente, son
menos capaces de concentrarse , tienden a embotarse emocionalmente como mecanismo
de autoprotección, reprimen sus sentimientos y emociones para que no sean
motivo de tensión y sus creencias de su imagen personal son negativas.
Pérdida de vida
saludable, debido a la situación de vida estresante frecuentan dolores de
cabeza y problemas gastrointestinales.
De acuerdo con los
trabajos recogidos por Straus y Gelles (1990) citados en (Ortiz
y García, 2008), las mujeres maltratadas sufren el doble de dolores de
cabeza que las mujeres
que no han sido maltratadas, más síntomas de depresión y de intentos suicidas.
Dicho cuadro
sintomatológico no termina aquí, pues también ocasiona importantes secuelas de
carácter psicológico en los hijos (Baca, Echeburúa y Tamarit, 2006).
Silva, Rodríguez,
Cáceres, Martínez y Torres (1996) citados en (Ortiz y García,
2008) (24), investigaron que las mujeres víctimas de violencia doméstica han
establecido el siguiente sistema de creencias: “Visión pobre de sí mismas, definen
el respeto de buena esposa por la aceptación o rechazo de familiares y amigo,
piensan que si se separa de su esposo este la puede matar, tienen la
expectativa de que el marido cambie, se perciben incapaces de afrontar solas la
situación económica, cierta inseguridad hacia la maquinaria de justicia
criminal de que pueda proveerle la protección necesaria, creen que una mujer
separada o divorciada pierde valor, se visualizan incapaces de gestionar empleo
si tienen niños pequeños”.
Otro
dato importante es el de reincidencia en las relaciones violentas de pareja
obtenido en el estudio de Aponte, Corsino, González y Maldonado (1999) citados en (Ortiz
y García, 2008), el 50% de las 68 mujeres entrevistadas por ser víctimas
de violencia de género reincidieron en relaciones violentas de pareja.
El
trabajo de González y Gimeno (2010), demuestra los resultados específicos
sobre el perfil de mujeres víctimas de
violencia de género que reciben una ayuda social, a diferencia de las mujeres
que no reciben la ayuda social tras una muestra representativa de 292 mujeres
valencianas con incidencia en violencia de género, indica que el 37,3% reciben
ayudas sociales. La gran parte de mujeres maltratadas pertenecen el 58,3% a la
etnia paya mientras que el resto son de etnia gitana o inmigrantes. En cuanto
al estado civil de las víctimas predominan las mujeres que están separadas y
solteras sumando el 82,50%, al igual que más de la mitad de las 163 familias
monoparentales ha sufrido malos tratos exactamente el 69,70% de mujeres. Otro
indicador que influye en el perfil de la víctima es la situación laboral, el
81,7% de las mujeres maltratadas están en una situación de desempleo, de las
mujeres maltratadas que ejercen una actividad laboral el 62,3% se dedica a
cuidados de ancianos, servicios domésticos y limpieza. El estudio señala la
importancia del apoyo familiar y social, el 45% de mujeres maltratadas no
tienen un apoyo social, siendo el porcentaje más alto a diferencia de aquellas
otras mujeres maltratadas que reciben un apoyo social ocasional, variable,
frecuente o siempre, lo mismo ocurre con el inexistente apoyo familiar que
refleja el trabajo de González y Gimeno (2010), el 30,3% de mujeres
maltratadas no reciben apoyo familiar, se trata del porcentaje más alto en
comparación con el de mujeres maltratadas que lo reciben ocasionalmente, de
manera variable, frecuente o siempre. El último indicador significativo es la
falta de asistencia psicológica en las mujeres maltratadas del 84,3% frente al
15,7% de mujeres maltratadas que si asisten a salud mental.
Si bien es cierto,
las investigaciones demuestran que es difícil dar con un perfil que caracterice
a toda víctima de violencia de género al tratarse de un fenómeno social y
universal, pero si existen indicadores que aumentan las probabilidad de correr
el riesgo de ser víctima de violencia género como por ejemplo la pertenencia a
determinado grupo étnico, ser inmigrante, de clase social muy humilde o pobre,
bajo nivel educativo, situación laboral de desempleo o trabajos relacionados
con el cuidado de ancianos o el de empleada de hogar, carecer de apoyo social y
familiar, ser familia monoparental, ser una mujer de mediana edad y tener creencias
de carácter machista.

Síguenos